En Chillán, hay comerciantes que levantan la cortina cada mañana sin saber si las ventas alcanzarán para pagar las cuentas. No es falta de ganas ni de trabajo. A veces, simplemente, los números dejaron de cuadrar. El comercio de Ñuble está bajo presión: vender menos, mientras suben los costos, puede convertir años de esfuerzo en una deuda que no deja dormir.

En abril de 2026, las ventas reales de supermercados de la región cayeron un 2,2% interanual. Y el desempleo regional llegó al 11,2% en junio-agosto. Son cifras distintas, pero cuentan parte de la misma historia: cuando falta trabajo, también falta dinero en los bolsillos y las compras se vuelven más pequeñas.

El pequeño comerciante queda atrapado entre dos fuegos: si sube los precios, puede perder clientes; si no los sube, sacrifica su margen. Y detrás del negocio hay una familia, proveedores y trabajadores. Una cortina que se cierra no es solo un local menos: es empleo que desaparece y un barrio que pierde vida. Por eso, no basta con pedir paciencia.

Chillán necesita un plan concreto: apoyo financiero responsable para negocios viables, asesoría para evitar cierres, recuperación de los

Fuente original: La Discusión

Pulso Angelino

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