Las lluvias intensas que ocurrieron en el invierno y que siguen extendiéndose en primavera, pero con menos estragos, han sido vistas con preocupación entre quienes trabajan en el combate de los incendios forestales.

Esta condición climática, marcada por la influencia de El Niño, incide en el alto crecimiento de la vegetación que, al llegar las altas temperaturas del verano, se seca con rapidez y actúa como vector de propagación del fuego. Los expertos han advertido que las precipitaciones primaverales asociadas a este fenómeno podrían alcanzar intensidades propias del invierno, vale decir, del orden de 5, 6 o 7 milímetros por hora.

El Niño corresponde a un aumento anómalo de la temperatura superficial del mar en la zona 3-4 del Pacífico, ubicada frente a las costas de Ecuador.

Así lo explicó el investigador y experto en agroclimatología de INIA Quilamapu, Raúl Orrego, quien detalló que entre 0,5 y 1 °C sobre lo normal corresponde a un Niño débil; entre 1 y 1,5 °C, moderado; entre 1,5 y 2 °C, fuerte; y sobre 2 °C, extremadamente fuerte. “Las últimas proyecciones apuntan a que para el trimestre octubre-noviembre-diciembre, el fenómeno podría superar los

Fuente original: La Discusión

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