Hay decisiones que duelen en el alma, y el fin de este programa para las mujeres de Ñuble es una de ellas. Gracias a este espacio, muchas mujeres empezaron a creer en ellas mismas. Sanaron su autoestima, dejaron de verse como personas de segunda clase y tuvieron la inmensa valentía de decirle no al abuso y al maltrato de sus maridos.
Salieron de sus casas para comerse el mundo: se capacitaron, armaron sus emprendimientos y se ganaron su propio espacio laboral y social. Es una pena tremenda que esto se termine. Una sociedad no avanza si no es con nosotras. Históricamente nos han castigado con peores sueldos y menos oportunidades, y hoy vemos con impotencia cómo una decisión política borra de un plumazo un programa que literalmente cambiaba vidas.
El empoderamiento de la mujer no debería ser un juego político; es una necesidad urgente.
Fuente original: La Discusión
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