miércoles, 2 septiembre, 2026 a las 09:01 prensa Opinión El avance de la Inteligencia Artificial (IA) ha dejado de ser una trama de ciencia ficción para convertirse en una realidad que golpea el corazón de nuestra cotidianidad. Recientemente, Bill Gates, uno de los grandes arquitectos de la era digital, encendió las alarmas globales con un ensayo inusualmente sombrío.

Su advertencia es tajante: nos dirigimos hacia una transición caótica y desordenada si los liderazgos políticos no reaccionan a tiempo. No hablamos de un futuro lejano. Las consecuencias ya se están gestando y su impacto no se sentirá igual en todas partes. Gates pone sobre la mesa dilemas éticos y económicos que exigen una discusión urgente. El primero es la transformación del empleo.

La proyección de un desplazamiento masivo de trabajadores administrativos y, eventualmente, del sector de servicios y mano de obra manual a manos de robots inteligentes, obliga a repensar nuestra estructura económica.

Propuestas audaces como la aplicación de impuestos a las empresas que sustituyan humanos por automatización, o la creación de una “reserva humana de empleos” legalmente protegida, no son excentricidades; son salvavidas urgentes para evitar una brecha de desigualdad

Fuente original: Araucanía Noticias

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