La delincuencia, desde sus primeros registros históricos, ha requerido de un elemento ineludible: el anonimato. La falta de vigilancia, la noche, un bigote falso o, más tarde, un pasamontañas y una capucha. Sin embargo, los avances digitales y la sistematización de las operaciones financieras les dieron a los delincuentes una posibilidad inédita: actuar completamente invisibles.
Es así como los delitos de fraude y estafa cometidos mediante dispositivos digitales y plataformas online registraron un aumento de 81% desde 2020, mientras que este año ya se han ingresado más de 41 mil causas a los tribunales del país.
Y aunque entre sus víctimas hay jóvenes nativos digitales, profesionales e incluso policías, los datos permiten concluir que, frente a este tipo de delitos, nadie está completamente a salvo. Menos aún en Ñuble, donde la alta ruralidad, el analfabetismo y una creciente población de adultos mayores configuran un escenario especialmente complejo.
Una muestra aparece en los registros entregados por el Juzgado de Policía Local, que dan cuenta de un aumento de 1.000% desde 2023 en los casos relacionados con fraudes y estafas que afectan a personas mayores. La cifra ayuda a explicar por qué
Fuente original: La Discusión
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